SARA Y BORJA

“Jorge y yo nos conocimos en el 2008. Yo me mudé a Granada para continuar mi carrera y él estaba estudiando en la facultad en la que yo me iba a matricular.

Nos presentó una amiga, otra Sara, en un tercer tiempo de rugby (el primero y segundo tiempo son en el campo y el tercero en el bar bebiendo cerveza XD). El caso es que la noche que nos conocimos llevaba yo 3 meses en Granada y aún estaba conociendo gente…y él, además de bailar conmigo (y digo bailar moviendo la cadera, no subir y bajar la copa) sin intentar nada más, empezó a nombrar muchos sitios de Granada preguntándome si ya los había visto y prometiéndome ¡que me llevaría! (y vaya que si me llevó a todos y cada uno de ellos! jejeje)… A mi me gustó desde que lo conocí, marchoso y hablador, ojos claros que son mi debilidad, y una gracia y un arte que solo tienen en el sur.

Desde ese día nos mandamos algún mensajito por tuenti pero no volvimos a coincidir… hasta que llegó su cumple (6 meses después) y me invitó. Yo pensé que esa iba a ser mi gran noche pero al final las cosas se torcieron y no salió la cosa como esperaba…se me escapó.

Ya desde ese momento coincidíamos más en fiestas y con grupos de amigos; una de ellas fue en el Corpus de Granada, donde bailamos sevillanas sin parar y acabamos yendo a un mirador a ver las estrellas acompañados de unas cervecitas y unas pipas…muy romántico…pero cuando parecía que ya lo tenía en el bote…se me volvió a escapar…

No fue hasta una fiesta a la que fui yo sola con casi todos sus amigos, que la cosa empezó a cuajar…ya era muy cantoso que yo estaba a muerte a por él…y cuando verificó que no había ninguno de sus amigos interesado en mí, fue cuando decidió acompañarme a casa ¡y por fin cuando me besó! Fueron muchos meses de intento tras intento hasta el punto en que o se definía algo la cosa o se perdía en el camino…pero cuajó ¡hasta hoy!

Después de ese momento nos enfrentamos a muchas pruebas en nuestra relación. Una de ellas fue el Erasmus, del que disfrutamos los dos muchísimo aunque estábamos en ciudades diferentes (yo en Praga y él en Brno, ambas de República Checa). Ni las fiestas ni la locura del Erasmus pudieron con nosotros pero tras esto, tuvo lugar el reto más importante. Después del Erasmus terminamos nuestros PFC (proyecto fin de carrera) y empezamos a buscar trabajo…la cosa iba fatal y habíamos entrado en el momento más duro de la crisis…así que después de un año de desencantos, decidímos coger la maleta y cruzar el charco para, al menos si no veníamos con trabajo, venir cargados de inolvidables experiencias.
Nos fuimos a Chile…en aquel lado del planeta él era todo para mí y yo todo para él…nuestra dependencia era muy fuerte pues allí no teníamos familia (aunque poco a poco nuestros amigos se fueron convirtiendo en nuestra familia chilena).

Después de 7 años juntos, mi novio tenia este as guardado debajo de la manga. En ese entonces éramos españoles expatriados en Chile, una tierra preciosa cuyos rincones hay que visitar, y teníamos isla de Pascua como destino último de nuestra estancia en ese país.

Sin embargo yo, que soy un culo inquieto en busca de continuos viajes y aventuras inigualables, encontré un billete “medio” barato para pasar la Navidad en la isla. Debido a que los billetes a España eran caros,quería hacer algo diferente para paliar la añoranza navideña que ya el año pasado habiamos sufrido. Así que lo hice, compré los pasajes…cosa que a mi chico no le hizo mucha gracia porque se vio obligado a adelantar todo…y créeme que buscar un anillo en Chile…no es fácil.

El caso que llegamos a la isla, con nuestras super mochilas y la guía preparada por mi chico debajo del brazo. Nos hospedábamos con gente local, en una casita que tenían preparada para los turistas (nada de hotelazo hiperromántico que me hiciera a mi tener alguna sospecha). El primer día hicimos todo lo programado y el segundo empezaba con uno de los momentos que debes de vivir en la isla y que aparece en todas las guias: Amanecer en Tongariki. El Ahu Tongariki es un altar donde están de pie 14 moais (los cabezones). Sólo en verano sucede un efecto que hace ese amanecer muy especial, y es que el sol sale exactamente detrás de la hilera de moais.

Pues allí fuimos, con unos cuantos turistas como nosotros a ver tal fenómeno. Cuando el sol ya estaba en lo alto y los turistas se habían dispersado por otros lugares de la isla, mi chico me pidió que me acercara más a los moais para hacerme una buena foto (soy amante de la fotografía con lo que conocía perfectamente mi debilidad).

Yo contentísima por la iniciativa de mi chico de hacerme un buen retrato seguía al pie de la letra todo lo que me decía…sube el brazo, date la vuelta…blablabla…Y en ese momento, sobre una pequeña piedra, mi chico se me declaró, con su rodillita bien hincada, y yo con los nervios me baje de la piedra, le besé y me puse el anillo ¡al instante! Se me olvidó por completo todo el protocolo de que me lo ponga él…pero en fin…yo soy un poco así, poco protocolaria, jejeje… (luego tuvimos que repetirlo para guardarlo en nuestra memoria también en versión tradicional).
Y esta es ¡nuestra historia! Espero que os haya gustado. Mis padres se rieron mucho al contárselo porque pensaron que, al pedírmelo allí, en mitad del pacífico, no podía decirle que no y ¡salir corriendo! jejeje (La isla de Pascua es la isla más alejada de tierra, lo más cercano es Chile a más de 5h de vuelo!)

Con amor, Sara.”
✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨

Leave a Reply