ROSA Y EDGAR

“Edgar y yo nos conocimos con 15 y 14 años respectivamente, coincidiendo en la misma sala de cine (aún guardo la entrada de esa peli), yo con mis amigas y él con los suyos. Empezaron las tonterías de la edad, y empezamos a quedar los dos grupos. Somos de la época del Messenger, y nuestras conversaciones eran eternas, hasta que la noche del 15 de marzo, justo antes de irme a casa, me dijo que quería hablar conmigo, y me pidió salir oficialmente. Y desde ese día, hasta hoy… hemos vivido infinidad de momentos, siempre juntos (mucha gente nos pregunta si nunca hemos roto la relación por un tiempo, y no), y puede decirse que desde el principio, sin ningún miedo por parte de ninguno de los dos, supimos que queríamos casarnos.

Siempre tuvimos la ilusión de independizarnos cuando nos casásemos, ya que queríamos mantener la ilusión por todo el cambio de vida que supondría la boda. Llevando nueve años y ocho meses juntos, hacía ya tiempo que el tema “cuando vivamos juntos”, “cuando nos casemos” era casi diario, y la verdad es que nos hacía falta dar ese paso. El día 26 de noviembre de 2015 cenamos en casa de mis padres (entonces, mi casa) y cuando salí a despedirlo a la puerta, me dijo: “prepárate la maleta, que mañana la vas a necesitar”. Imaginad mi cara, no tenía ni idea de a dónde me llevaba, nos abrazamos y cuando se fue, me puse a prepararlo todo para el día siguiente (con ayuda de mi hermana, que sí sabía a dónde me iba).

El 27 de noviembre, ya en el control de seguridad del aeropuerto, me confesó que nos íbamos a Roma, y yo estaba FELIZ. Dejamos las cosas en el hotel, pasamos el día visitando la ciudad y cenamos en un restaurante muy bonito. La idea comenzó a rondar por mi cabeza, casi sin querer, pero cuando llegamos al hotel y no pasó, se me olvidó por completo.

Amanecimos el día 28 de noviembre, dedicamos todo el día a visitar la preciosa ciudad de Roma, ya que al día siguiente ya nos marchábamos. Fue un día intenso, andamos muchísimo y a las 16:00 nos fuimos al hotel a descansar un poco antes de cenar. En ese momento fue cuando me dijo: necesito que estés lista a las 18:30 para la cena, y entonces de nuevo empezaron los nervios, ¿pasará?… Cuando a las 18:00 lo vi sacar el traje del armario (que después me confesó que había plegado viendo un tutorial de youtube para que no se arrugase), una corbata nueva y un pañuelo de seda, pensé que no había duda, y los nervios seguían en aumento. Cuando estuvimos listos, pidió un taxi que nos llevó al restaurante más romántico y bonito que existe: Mirabelle, en el hotel Splendide Royal, donde teníamos reserva. Era como estar en un sueño, me sentía totalmente una princesa, pero estaba tan nerviosa que prácticamente no cené.

Al acabar la cena, cuando ya no quedaba nadie más en el restaurante (los turnos de cena eran muy pronto, y nosotros teníamos el último turno) y las luces estaban mucho más bajas, me cogió de la mano y empezó a recordarme los buenos momentos vividos durante los casi diez años que llevábamos juntos, cómo habíamos madurado y evolucionado juntos, y cómo nos habíamos hecho el uno al otro, y que siempre supo que quería pasar conmigo el resto de su vida. Yo con lágrimas en los ojos, y él casi, sacó la cajita con un precioso anillo de diamante de Suarez, fino y delicado (no podía haberlo escogido mejor), y me dijo: ¿quieres casarte conmigo?, a lo que me salió responder: Eso no se pregunta, claro que sí.

Después de abrazarnos y besarnos, salimos a la terraza del restaurante, con vistas a toda Roma iluminada, y grabamos un video para enviar a nuestras familias y darles la noticia, ya que excepto mi madre y mi hermana, nadie más sabía ni siquiera que estábamos de viaje.

Tras enviar el video, nos quedamos observando las vistas desde la terraza, y nos prometimos volver a ese lugar para celebrar algún aniversario de boda, y así lo haremos.

Desde ese momento, no pude parar de llorar en toda la noche, pensando en el tiempo que habíamos estado soñando con nuestra boda, y que por fin se haría realidad.

Nos casamos 9 meses después de aquel maravilloso día, el 12 de agosto de 2016, el año en el que celebramos nuestro décimo aniversario de novios. Ese día fue el más feliz de nuestra vida, y supuso, como queríamos, el inicio de nuestra nueva vida juntos, conviviendo y siendo aún más felices de lo que lo fuimos durante los diez años anteriores.

Con amor, Rosa.”

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