REGALO DE REYES

“Nos conocimos en 2014, él entró en mi oficina buscando un piso y yo le di una opción que no barajaba. En ese momento sentimos algo raro, y cuando volvimos a vernos para enseñarle el piso, todo fue rodado, una comida imprevista, un momento “tierra tragame, le acabo de dar de mi postre a un cliente”. Vinieron días y más días juntos sin ser “nada” pero a la vez todo. Cuando conoció a mi hija, supe que era él, la persona con la que quería compartir todo.
Nos fuimos a vivir juntos, al año decidimos que queríamos ser papás a pesar de que ninguno quería serlo cuando empezamos, y en marzo de 2016, nació nuestro pequeño tesoro para completar la historia.

Habíamos hablado varias veces de “firmar” por el peque, pero no nos decidíamos a hacerlo por vaguería, siempre le decía que si quería casarse conmigo antes debía tener un anillo. De vez en cuando se lo recordaba de broma hasta el día de Reyes de 2016, todos teníamos nuestros regalitos bajo el árbol, dejamos que la peque abriera sus regalos primero. En ese momento estaba embarazada de 30 semanas, en pijama de ositos subida en mi pelota de pilates botando para relajar las tensiones típicas del embarazo. Abrí una cajita emocionada creyendo que sería el anillo y nada, una pulsera Pandora, ¡¡¡uyyy casi!!!
Abrí otra cajita y ahí estaba, un sencillo anillo con un único brillante y mi chico al lado pidiéndome formalmente que nos casáramos. En ese momento estaba tán alucinada y emocionada que, mientras le decía que por supuesto que sí, no paraba de pensar… ¡POR FÍN TENGO ANILLO! y me caso con el amor de mi vida.

No fue de lo más elegante, ni la pedida típica de cena o viaje, fue en la intimidad de nuestra casa con malos pelos, la cara sin lavar y en pijama, pero para mí, fue la mejor.

Ahora sólo nos falta esperar para el gran día.

Con cariño, Isabel.”

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