RAQUEL Y PABLO

“Nos conocimos en 2009 en una heladería de Madrid. Javi, un amigo en común, nos invitó a tomar un helado por su cumple. Esto fue por el mes de mayo, pero no volvimos a reencontrarnos hasta la víspera de Nochebuena.
Parece ser que él ya se fijó en mí en aquella heladería, así que de vez en cuando le insistía a Javi para que organizara algo y volviéramos a vernos. Después de mucho insistir, al final accedí y quedamos con Javi y más gente. La verdad es que esa noche ya conectamos y no paramos de hablar (e incluso me canturreaba alguna canción). Pasaron los días y volvimos a quedar en enero. La verdad es que nos hubiera gustado quedar antes, pero él se marchaba fuera de España a celebrar la Nochevieja con su familia y, quizás suene un poco cursi, pero esa Nochevieja los 2 pedimos el mismo deseo para el 2010: volver a vernos. Y así fue, quedamos de nuevo varias veces y empezamos a salir.
En noviembre de 2014 nos fuimos a vivir juntos y el 14 de agosto de 2015 me pidió que nos casáramos. La verdad es que unos meses antes de pedirmelo, me había lanzado varias “indirectas”: qué mes te gusta más para casarte, en qué dedo se pone el anillo de pedida… La verdad es que Pablo, no es muy bueno guardando sorpresas porque, le puede la emoción y más de una vez se le escapan. Como mi cumple es el 13 de agosto, pensaba que me lo iba a pedir ese mismo día, pero no fue así. Me regaló un anillo para despistar, porque se imaginaba que yo me olía algo… Era un anillo muy bonito, pero no era “el anillo”. Después de darme mi regalo, pensé que quizás ya no me lo pediría hasta el año que viene, pero me equivoqué.
Al día siguiente nos fuimos de escursión al Mirador del Fitu (Caravia, Asturias) y, cuando estábamos los 2 solos sentados en una piedra viendo las montañas y la playa, me dijo que sacara una Coca Cola de la mochila, fui a abrir la mochila y lo único que encontré fue una caja y una carta. Me leyó una carta súper bonita, en la que relataba todo lo que habíamos vivido el tiempo que llevábamos juntos, lo mucho que me quería y lo especial que era para él. Mientras la leía, no podíamos parar de llorar ninguno de los dos y, el final de la carta terminaba con un: “Y ahora me toca hacerte una pregunta…” Os podéis imaginar cuál fue la respuesta… En ese momento me quedé sin palabras. Se me caían las lágrimas, pero a la vez no paraba de reir de lo feliz que me sentía en ese momento.

Fue una pedida muy sencilla, pero muy bonita a la vez. La familia de Pablo es de Asturias y para él es un sitio muy especial, de ahí que quisiera que fuera allí. De hecho, el anillo lo compró en una joyería de Gijón, que es de donde es su familia.

Con amor, Raquel.”

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