MªJOSÉ Y ALEJANDRO

“Mi historia con Alejandro comienza en Sevilla. Nos conocimos a través de una de mis mejores amigas y comenzamos a quedar. Él estuvo viviendo los 5 primeros meses de nuestra relación en Inglaterra, hasta que pudo venirse y al año y medio o así, comenzamos a vivir juntos.
Todas las navidades, desde que nos conocimos hacíamos un viaje, y estos dos últimos años nuestro viaje ha sido a Nueva York, ya que su hermana vive allí.
Cual es mi sorpresa, cuando uno de los días antes de fin de año, vamos a salir los dos a tomar algo. Noté nervioso a Alejandro, me había dicho que íbamos a cenar, y pensé que me había comprado algún regalo sin yo saberlo. Bajamos a la calle y nos estaba esperando una limusina en la puerta de casa para llevarnos al helipuerto que se encuentra al lado del puente de Brooklyn. Nos estaba esperando el piloto, que nos enseñó Manhattan y la estatua de la libertad desde el aire.
Una vez finalizado el trayecto, la limusina nos llevó a la Freedom Tower para ver las vistas desde arriba, ya que hacía pocos días que había sido abierta al público.
De nuevo volvimos a la limusina, empezó a hablarme de forma muy cariñosa, a darme las gracias por todas las cosas buenas que habíamos vivido, y los momentos malos…pero yo le decía… Venga Alejandro ya…disfrutemos el momento…pero él insistía e insistía. Cruzamos el puente de Brooklyn, en el bajo Manhattan y en una zona llamada DUMBO, en un parque con un tío vivo y todo lleno de velas fue donde me pidió casarme con él. Por supuesto le dije que SIIII!! No me lo esperaba para nada, habíamos hablado de casarnos pero no pensé que me lo fuese a pedir allí.

Volvimos de nuevo a la limusina, para llevarnos a Columbus Circle, a un restaurante llamado Mandarin Oriental, con vistas a Central Park.
La noche la pasamos en el Hotel Waldorf Astoria, donde a la mañana siguiente desayunamos huevos benedictinos, ya que allí fue el primer sitio donde comenzaron a hacerse, ¡¡¡una pasada!!! Recuerdo ese día precioso, lo volvería a repetir mil veces más al lado de Alejandro.

Con cariño, Mª José.”

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