Magda y Víctor

“Víctor y yo nos conocimos hace algo más de dos años, los dos vivíamos en Reading, UK. Nos cruzamos un día cuando yo acababa de llegar y nos presentaron unos amigos. Fue un encuentro casual y en ese momento ninguno de los dos le dimos importancia a ese “cruce de caminos”.
Si le preguntáis a él os dirá que nos encontramos una segunda vez en un pub, yo tengo que confesar que de esa noche no recuerdo mucho.
La tercera vez que lo vi fue en un bar y ninguno de los dos esperábamos encontrarnos, él estaba con amigos viendo un partido importante del Madrid y yo acompañé a una amiga. Así que allí me presenté recién llegada de Brighton, saliente de noches después de 36 horas sin dormir. Esta vez la recuerdo mejor, me acuerdo que él llevaba una sudadera del Madrid y que se acercó a hablar conmigo, me contó que tenía una furgoneta Volkswagen California T4 y que quería traérsela a UK y viajar por Europa; recuerdo que, aunque la primera impresión no me cautivó, me gustó su manera de hablar conmigo viendo el partido por el rabillo del ojo pero sin dejar de mirarme; recuerdo que me disculpé mil veces por estar tan cansada y no ser capaz de entablar una conversación.
Pasaron bastantes semanas hasta que volvimos a coincidir. El amigo de Víctor quería quedar con una amiga para conocerse pero no a solas, así que nos usaron a Víctor y a mí de “celestinas”. El plan inicial era un cine, al que yo me negué pues me parecía un poco encerrona y ofrecí un plan alternativo: una cena en nuestra casa. Yo me ofrecí a ser la anfitriona. Mientras mi amiga se maquillaba yo, en vaqueros rotos camiseta ancha y moño, cocinaba. Llegó la hora de la cena y llamaron a la puerta. Salí a abrir con un “hola pasad que estoy dando la vuelta a la tortilla” y volví a la cocina, ellos tímidos se quedaron en el pasillo. Cenamos, y en la sobremesa Víctor, tan majo como siempre, me ayudó a recoger y se quedó conmigo mientras fregaba. Creo que ese fue el momento que lo cambió todo en mi cabeza. Esa noche descubrí a un tipo de chico al que no estaba acostumbrada, simpático, servicial, sin más intención que la de pasar un rato agradable; pero yo estaba tan cansada de los chicos del otro tipo que no quise que pasara nada más, Víctor tampoco y eso fue lo que más me gustó. Esa actitud de “dejemos que las cosas vayan pasando sin ni siquiera darnos cuenta”.
A los pocos días fui a cenar con amigas al restaurante donde trabajaba Víctor y nos vimos. Me acompañó a casa para recoger un paragüas que se olvidaron la noche de la cena y nos quedamos hablando, le pedí disculpas por no haber contestado a sus mensajes en Facebook ya que no los había visto. Él se quedó con ganas de pedirme el teléfono, yo…le facilité el terreno y le dije que si quería que le leyera me tenía que escribir al móvil, que nunca miraba el chat de Fb.
Aunque desde la noche de la cena vi algo en Víctor diferente al resto, me mantenía muy escéptica a creer que con él sería distinto y yo no quería más líos. Dejé que los días pasaran y no volvimos a quedar hasta el domingo de Pascua de 2015, otra vez mi amiga lo organizó todo. Pasamos el día juntos y mis amigas se fueron a trabajar, cuando llegamos a ese primer “cruce de caminos” les pregunte a Víctor y a su amigo qué plan tenían. Víctor me dijo que si quería que fuese a su casa a ver una peli y, la verdad, cualquier plan era mejor que estar sola en casa. La peli Focus; Victor no sabía ni cómo sentarse para rozarme tímidamente con la mano y que pareciese algo casual; yo esperaba a esa casualidad. La peli acabó y cuando estaba despidiéndome, Victor me dijo algo así como “no, si yo bajo contigo” y yo morí de amor ante tal caballerosidad. Al llegar a casa nos quedamos hablando en la puerta, hacía frío y le ofrecí seguir hablando en casa; no habíamos cenado y Víctor, algo vergonzoso, aceptó que le cocinara un sándwich. Estuvimos hablando hasta las 5 o las 6 de la mañana, sentí como si lo conociese de hace mucho, me transmitió una confianza que nunca había sentido con nadie antes. A Víctor le molestaban las lentillas así que le dejé un porta-lentillas y seguimos hablando. Nos estábamos quedando dormidos pero ninguno de los dos queríamos dejar de hablar. Ofrecí que se quedara a dormir porque me parecía injusto que se fuera a esas horas solo después de haberme acompañado. Recuerdo que cada uno estaba en una esquina de la cama y esta vez no buscamos ningún contacto casual, supongo que después de esa conversación Víctor entendió lo que no esperaba que pasara y lo respetó. Los dos dijimos un cariñoso “buena noches” y segundos después Víctor con voz tímida me dijo “Magda, se me ha olvidado algo, darte un beso de buenas noches”, yo le puse la mejilla y él me besó. Nos íbamos a dormir cuando Víctor volvió a llamarme para decirme que yo no le había dado un beso.

Así fue nuestro primer beso, cargado de delicadeza, timidez y respeto, un beso sin segundas intenciones, fue el primer beso que más me ha hecho sentir en mi vida.
Las siguientes semanas seguimos hablando y quedando, y así me enamoré de Víctor por cómo es, al revés, de dentro a fuera.
Pasaron los meses y Víctor fue derribando cada muro, cada día éramos más felices, disfrutábamos cada segundo juntos, nos hicimos inseparables.
En Junio de 2016 conseguí una plaza para estudiar matrona en Londres y Víctor me apoyó y me impulsó a no perder esta oportunidad. Yo siempre le había dicho a Víctor de no vivir juntos hasta casarnos, ya que para mí es algo muy importante y Víctor siempre lo ha respetado, por lo que esta oportunidad en Londres significaría separarnos por un tiempo. Así ocurrió y en Septiembre me mudé a Londres y a nuestra relación llegó un tercero en discordia, la distancia.
Este año ha sido un año difícil, de vernos cuando yo tengo el finde libre, aunque Víctor mueve el mundo para venir cada fin de semana aunque yo tenga turnos. Nuestra relación ha madurado y se ha afianzado de tal manera que los dos sabemos que queremos pasar el resto de nuestra vida juntos.
Tras acabar mis exámenes en Mayo hicimos un viaje por la Bretaña francesa con la furgo. Pasamos una semana fantástica. El último día de las vacaciones era 2 de Junio y teníamos pensado visitar El Mont-Saint-Michel. Llegamos allí, Víctor volvió a la furgo corriendo con la excusa de que se había dejado el móvil. Me hizo fotos a la ladera de la abadía y después preguntó a alguien que nos hiciera una foto. Nos hicimos la foto y Victor pidió que repitiera otra y … entonces se arrodilló y sacó el anillo de su bolsillo y me preguntó tímido pero con firmeza “¿quieres casarte conmigo?”. Yo no podía parar de reírme y de abrazarlo, en ese momento me desapareció toda la gente de al rededor y fui la persona más feliz del mundo. No podía articular palabra, sólo lo abracé y creo que la respuesta estaba más que clara. Aún así Víctor me preguntó “¿pero quieres o no?” Y yo conteste “por supuesto que ¡SÍ, si quiero!” y temblando de emoción me puse mi anillo.
Esta es nuestra historia. Le Mont-Saint-Michel es mi castillo. Víctor es el hombre de mi vida desde el 5 de Abril de 2015.

Con amor, Magda.”
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