LAURA Y ERIC

“La casualidad hizo que nos conociéramos y la casualidad fue quien me hizo tomar la decisión de pedirle a Enric la mano de la manera más sencilla del planeta.

Tras algunos años de convivencia y otros más juntos, se acercaba la fecha para hacer el primer viaje en avión juntos, cosa que nos hacía mucha ilusión: nos íbamos en Febrero a Dublín (Irlanda). Leyendo sobre sitios que visitar, leí que existe la tradición de que el 29 de febrero (es decir, los años bisiestos) se les concede la “oportunidad” a las mujeres de pedirles la mano a sus parejas. Y aquello fue una especie de señal, aún ir a principios de febrero y ni siquiera ser bisiesto.

Me puse manos a la obra a pensar sobre cómo podría hacerlo teniendo en cuenta de que estaríamos a muchos km de casa y no podría tener aliados. Contacté con un grupo de operadores turísticos de la ciudad, explicándoles cuáles eran mis intenciones: durante una de las excursiones por la ciudad le pediría la mano a Enric con unos carteles y con la ayuda de las personas que vinieran ese día. A., la operadora del tour, aceptó emocionadísima y se comprometió con avisar al resto de personas que hicieran el tour de lo que pasaría para que estuviesen preparados. Así que emocionada e histérica perdida me puse a preparar la cartelería para poder meterla en la maleta y celebrar uno de los momentos más especiales de nuestra vida.

A pocos días de emprender el viaje, el 17 de enero (Blue Monday, según dicen el día más triste del año) recibí un correo electrónico de A. en el que me comunicaba que a pesar de haber insistido, sería imposible hacer la pedida con el grupo del tour porque habían cambiado al responsable de la compañía, el cual estaba en desacuerdo con aquello, así que no podía contar con hacerlo durante el tour. Con los carteles preparados y con el corazón encogido, se me vino el mundo encima.

Aquel fatídico día, Enric llegó de trabajar antes y me encontró en la cama llorando desconsoladamente, pero no podía decirle nada de lo que había sucedido (aún tenía alguna esperanza de que ese correo fuera un malentendido digno del Blue Monday), así que le dije que no me encontraba bien y que prefería estar sola. Decidió irse a pasear un rato a Hache, nuestro perro, y yo tomé la segunda decisión más valiente que he tomado: cuando volviera de pasear, le pediría la mano en casa, en chándal y con dos hilos de colores, que serían los anillos más bonitos del planeta.

Enric volvió de pasear y me encontró sentada en la cama, donde me acompañó con el abrazo más cálido. Le dije que se quedara ahí, que tenía que explicarle algo, pero que debía permanecer en silencio hasta que acabara. Sin esperarse nada, me levanté y fui a la cocina donde había dejado preparado el hilo y los carteles y volví. Enric no entendía nada pero una vez más, confió en mí: cartel a cartel fui pasando por delante de la puerta hasta que llegó el último, en el que le pedía literalmente que se casara conmigo. Se levantó de un brinco, con sus ojos azules inundados en lágrimas, y me dio el abrazo más fuerte que nunca me ha dado, diciéndome al oído un “Claro que sí, Laura”.

Pasados los días le expliqué la aventura que había supuesto la pedida y en eso ha quedado: hicimos del Blue Monday uno de los días más bonitos y especiales de nuestras vidas.

Irlanda nos recibió prometidos y nos regaló el viaje más especial que hemos hecho. Por supuesto que hicimos el tour en Dublín con A., a quien siempre recodaré con mucho amor, y brindamos con una buena pinta de Guinness por la nueva etapa que habíamos decidido emprender.

Con mucho mucho cariño, Laura.”

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