La sorpresa de Montse

“Comenzamos a salir a los 16 años, muy jóvenes. Nos conocimos porque una amiga mía y un amigo suyo comenzaron a salir. La “chispa” no fue inmediata, al contrario de lo que pasa en las películas. Fuimos amigos por un tiempo (iba a decir por mucho tiempo, pero realmente fueron poco más de 2 años). Como vivíamos muy cerca, salíamos y volvíamos a casa juntos cuando quedábamos con el resto de los amigos. Poco a poco nos fuimos conociendo más y la relación se hizo más estrecha.

Nos prometimos en París, después de 10 años juntos, en un viaje en el que (casi) todos los amigos y familiares sospechaban lo que iba a pasar; menos yo. En realidad Joan había explorado el terreno hacía unos meses, preguntándome qué le respondería si me pidiera matrimonio. Le dije que le diría que “no”, pero porque el momento no acompañaba (ninguno de los dos teníamos estabilidad económica y a mi me gusta hacer las cosas “bien”); y así se lo argumenté. Sin embargo, él ya había ido a comprar el anillo y tenía claro que me lo iba a proponer en París, así que siguió con el plan.

No sabía exactamente cuándo me lo iba a proponer, así que llevaba el anillo encima todo el rato, a todas partes. Y yo también tenía una sorpresa para él: una cena en lo alto de la torre Eiffel. Lo llevé casi engañado a cenar: le dije que teníamos un evento de cata de vinos de un conocido, después de visitar la torre Eiffel, y que por eso teníamos que arreglarnos; de lo contrario hubiéramos ido a visitarla con calzado deportivo y ropa menos apropiada.

Cuando llegamos al piso donde se encuentra el restaurante, el operario que controla el ascensor dijo algo así como “los huéspedes que tienen reserva en el restaurante tienen que bajar ahora”. Así que le dije “vamos”; y él “no, todavía no nos toca, falta un piso”. Pero ató cabos y se enteró de la sorpresa antes de lo previsto. Se emocionó y creyó que era el momento para pedírmelo. Y así lo hizo, un poco apartados del paso pero con las miradas de los turistas atentos. Sin arrodillarse, pero con lágrimas en los ojos y temblando (los dos), en el único momento de los siete días que estuvimos que llovió. Y evidentemente dije que sí 🙂 Con la condición que hacerlo con tiempo (era Septiembre de 2015 y acordamos casarnos en primavera de 2017).

Durante la cena estuvimos un poco despistados; tanto, que después de 15 minutos que nos trajeran la carta, cuando nos iban a tomar nota, todavía no le habíamos echado un vistazo. Sonará todo muy cliché, pero cuando lo vives, todo parece perfecto.

Y después de un año y medio que parecía una eternidad pero que ha pasado volando, nos hemos casado y estamos deseando que los años pasen para poder celebrar los 5, 10, 25 años casados y recordar ese día tan especial.

Con cariño, Montse.”
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