LA SORPRESA DE DANIELA

“Ni queriendo escribir un guión para una película romántica pudiera igualar la historia que mi futuro esposo hizo para arrodillarse y pedirme matrimonio. Esa noche me invitó a una reunión de trabajo donde el atendería al consulado de una embajada, me envió una invitación ficticia y me habló de la importancia de tal reunión para darle la bienvenida a unos funcionario públicos.

Yo me arreglé y al llamarle para que fuera a recogerme me dijo que se había retrasado preparando el lugar para los invitados, por lo que envió a su conductor a por mí. Al entrar al hotel Intercontinental donde iba a ser el evento me estaban esperando y me encaminaron al salón pero para mi sorpresa, la puerta de vidrio contraria a los salones se abrió y un camino cerrado lleno de pétalos y velas me hizo estremecer de nervios.

Lo vi solo junto a una mesa para dos al final del bello pasillo con un violinista y me faltaron las fuerzas para caminar hacia él. Me detuve y él se puso más nervioso, pero la verdad es que no podía creerlo y las piernas no me respondían para caminar hacia donde él estaba esperándome. Ahí me di cuenta lo que estaba a punto de pasar y sentí que analice los tres años que llevábamos de novios con cada paso que daba hacia él. Él no dejaba de temblar y yo menos, no pude ni ver el anillo porque mis ojos se llenaron de lágrimas al verlo arrodillado, la joya más grande que me podía dar no estaba dentro de la cajita, lo tenía arrodillado frente a mí. Mi vida no pudo estar más completa al saber que el hombre que más admiro, y más amo iba a ser mío para siempre, mi esposo y el papá de mis hijos.

Desde Agosto 11 cuento los segundos para despertarme a su lado. Y hoy nos unimos para siempre.

Con amor, Daniela.”

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