CRISTINA Y ANTOINE

“Yo soy española y Antoine es Francés, los dos vivíamos en Bélgica por estudios y el destino hizo que un sábado de abril en 2010 nuestros caminos se cruzaran y fuera como en las películas: amor a primera vista (un flechazo de cupido en toda regla).
Era un sábado por la noche de esos que no vas a salir pero al final te animas a tomar un par de cervezas con tus amigas. Estábamos en ” El Delirium Tremens” (un clásico en Bruselas, donde todo parece posible menos encontrar el amor).

Mientras hablaba con mis amigas, mi mirada se cruzó con la de Antoine, que se limitó a dedicarme su sonrisa de lado como la llamo yo(una sonrisa seductora a más no poder) y siguió hablando con su amigo como si nada. Yo le dije a mis amigas, ese chico de ahí, si ese, os digo una cosa ese es para mí.
La verdad es que mi trabajo me costó, durante casi una hora jugamos ese juego de miradas, pero nada el tío no se acercaba a mí ni de broma. Al final me cansé y me fui al bar a pedir unas copas y cual es mi sorpresa que cuando vuelvo, me lo encuentro sentado en mi sitio hablando con mis amigas… ese es el momento en que se te para el corazón, llevas esperándolo toda la noche pero ahora que llega no sabes que vas a decir y te pones super nerviosa, de hecho me di media vuelta, volví al bar, respiré durante unos minutos y me preparé mentalmente para conocer al chico del que yo ya estaba totalmente prendida.
Empezamos a hablar y el flechazo no hacía más que aumentar, congeniamos a la perfección. Llegó el momento de despedirnos nos intercambiamos los números y Antoine me preguntó: ¿te volveré a ver? y yo respondí: Eso depende de ti 😉
El día siguiente como puedes imaginar me lo pasé pegada a mi teléfono, esperando noticias suyas ( yo era muy digna en aquella época y me negaba a escribirle yo primero)…hasta que por fín escribió, quedamos a tomar una cerveza y desde aquel día no nos separamos, desde el minuto uno supe que era mi alma gemela. A veces el amor es así de sencillo…

Cuatro años más tarde el 26 de septiembre de 2014, para mi 25 cumpleaños, (seguíamos viviendo en Bélgica) Antoine me había pedido que me cogiera el día libre en el trabajo (era un viernes) porque los 25 teníamos que celebrarlos como se merece.
El jueves por la noche me dice que prepare mi maleta que nos vamos de fin de semana. Para darle aún más misterio a la cosa me pide que prepare en un montón la ropa que me quiero llevar, si vamos a un sitio donde hace frío y en el otro montón lo que llevaría si vamos a un sitio donde haga calor.
Antoine siempre se curra muchísimo todos los cumpleaños así que yo en ese momento aparte de lo emocionante que era todo, no sospechaba nada.
Acabó mi maleta, donde metió lo que le dio la gana y yo sin saber lo que había dentro. Al día siguiente vamos al aeropuerto y no es hasta la cola para embarcar que veo que vamos ¡¡¡ a Mallorca !!!.
Como buena española Adoro el calor y el Sol y eso es justo lo que en Bélgica no tienes.
Me pongo a saltar y a gritar para sorpresa de todos los de la fila, pero lo que yo no sabía es que la sorpresa no había hecho más que empezar.

Al llegar a Mallorca pasamos un día maravilloso, disfrutando del mar, la arena y el sol, para mi era un cumpleaños perfecto.
Llegó la hora del aperitivo por la noche y después de ponernos guapos, nos fuimos a tomar el aperitivo que habíamos comprado en un super, chorizo, aceitunas y queso, y por supuesto champán. Para Antoine como buen Francés, no hay cumpleaños sin champán, regla de oro que sigue a rajatabla y yo pues lógicamente sin sospechar nada.
Tengo que decir que lo del aperitivo para nosotros es como un ritual sagrado, siempre que podemos estemos donde estemos, nos buscamos un buen sitio con vistas nos sentamos en un banco y nos tomamos unas cervezas, patatillas o lo que sea, es un plan que nos encanta.
Nos subimos al coche y ahí se empezó a poner súper nervioso, conduciendo a tope y diciendo que se acercaba la puesta de sol y nosotros seguíamos sin sentarnos para el aperitivo, y yo pensaba, que más da, si se hace de noche no pasa nada…
Y derepente para el coche y dice, ¡aquí!.
llegamos a un acantilado con la puesta de sol de fondo, nos sentamos en el borde y tengo que reconocer que en ese momento en el que todo era tan perfecto, y maravilloso, pensé, si no me pide matrimonio este fin de semana no lo va hacer nunca en su vida, 🙂
Sin que yo me diera cuenta había escondido al lado de mis pies un librito, que había quemado los bordes para darle un aspecto antiguo, lo había envuelto con un cordel envejecido alrededor.
En ese momento me dijo: mira, ¿qué es eso?
yo lo cojo, divertida y cuando consigo abrirlo veo que ha resumido nuestra historia en ese libro, con fotos, no consigo ni leer una página que rompo a llorar. Y es en ese momento cuando saca un solitario de su bolsillo y me dice las palabras mágicas: ¿Cristina, te quieres casar conmigo?.
Yo no podía parar de llorar fue realmente como siempre lo había soñado y el momento había llegado y yo solo quería parar el tiempo y quedarme en ese acantilado para siempre.
Antoine seguía nervioso porque yo no conseguía hablar de lo mucho que lloraba y por fin me dice, ¿pero?¿ eso es un sí? jajaja, pues ¡¡¡claro que es un sí!!!.
Después de un fin de semana de ensueño en Mallorca a lo Estrella Damm volvimos a Bélgica que ya nos parecía menos fría y lluviosa por que teníamos una boda que preparar.

Por fin nos casamos el 12 de septiembre de 2015 y seguimos igual de felices y enamorados que aquél sábado en el Delirium cuando nuestros caminos se cruzaron.

Con amor, Cristina.

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