CELIA Y CARLOS

“Carlos y yo nos conocimos hace 3 años en una fiesta que organizaba su hermano. Al llegar a casa me abrió la puerta él, pero no hablamos mucho en ese momento. Al rato, uno de sus amigos tiró una copa y fui a buscar a alguien de la casa para que se limpiara y le encontré a él. Trajo una fregona y mientras lo limpiaba, me fregó los pies, y yo le dije que no me podía hacer eso porque entonces no me casaba!! Y para compensar, le quité la fregona y le fregué los pies a él, le dije que teníamos que estar en paz. Decidímos en ese momento que, lo mejor sería casarnos para contrarrestar la mala suerte… Y después de estar diciendo tonterías un rato, le perdí de vista toda la noche.


A los pocos días nos encontramos en Facebook, gracias a mi prima Belén que luego resultó que habían ido juntos al instituto y le escribí “¡Futuro marido! ¡Qué casualidad!” y a partir de ahí fuimos inseparables. Nos hemos visto a diario desde entonces y enseguida conocí a sus padres y poco después él conoció a los míos. Siempre de forma natural. Igual que siempre hemos hablado de casarnos. Los dos queremos lo mismo y tenemos familias que piensan igual.
En enero, Carlos se fue a vivir por trabajo a Arabia, y a finales de abril vino 15 días. Decidimos tener un fin de semana nuestro, y aunque ya habíamos hablado de casarnos en un futuro y estábamos mirando fincas e incluso iglesias, yo no me esperaba que ese finde, organizado con la excusa de que estamos viviendo lejos, fuera a ser así de especial.


El viernes, fuimos a darnos un masaje en el Wellington de Velázquez y después fuimos a cenar sushi 🍣 a Sushi Shop, que es nuestro sitio preferido. Para dormir, fuimos al hotel Eurostars de las torres de Madrid. El sábado por la mañana al despertar, me puso la cajita de Tiffany en la almohada, abrazándome me dijo: “quieres despertarte a mi lado el resto de tu vida??” 💍 Yo, que no me esperaba nada, me empecé a reír como una tonta. No supe abrir la caja azul y le pedí que lo hiciera él. Dentro estaba la cajita de terciopelo negro con el anillo perfecto, que con los nervios no sabíamos en que dedo teníamos que ponerlo.
Esa misma mañana habíamos quedado con nuestros padres para ir a ver una finca, y se convirtió en el momento perfecto para darles la noticia.
Probablemente de la emoción, y de lo bien que había empezado el día, después de ver varias fincas por Madrid, acabamos decidiéndonos por Fuentepizarro. Y allí nos casaremos el 7 de octubre del 2017, 60 años después que mis abuelos maternos. No me puede hacer más ilusión que casarme con el hombre que quiero el día en que, mis abuelos decidieron empezar su ejemplar vida juntos.

Con amor, Celia.”

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