BEATRIZ Y SU VIAJE A VIETNAM

“Y le dije SÍ cinco años después de que comenzará nuestra historia. La nuestra se ha ido forjando poco a poco, hasta convertirnos en un equipo de dos que jamás pensamos que acabaríamos formando. Casi que nos pilló por sorpresa comprobar que sí, que hablábamos de amor. Me gusta pensar que aprendimos a querernos bien, que nos enseñamos a valorar lo importante. Que juntos somos mejor de lo que somos por separado.
Ya han pasado 6 meses desde aquel SÍ, sí Quiero, que conseguí pronunciar entre risas nerviosas, besos y alguna lágrimilla de emoción de él que me llenó de ternura y de amor del bueno. Más de 6 meses de preparativos, ideas a lo grande, ideas ya sí con los pies en la tierra, algunas discusiones que se solucionan cuando no pierdes de vista de qué va en realidad todo esto de casarse, y de nervios a flor de piel porque quieres que todo sea muuuy muy bonito.

Fue un domingo en Hoi An (Vietnan) un trocito iluminado del planeta, precioso, mágico, en el que deseé que el tiempo se parase y donde las sonrisas cómplices fueron el denominador común. Él, con toda su ilusión había preparado una cena para dos en la playa a la que no le faltaba ninguno de los detalles que nos han dicho siempre, son de lo más romántico del mundo mundial! Velas, flores, vinito, la luna, el mar… Cena que se vió truncada, junto con todos sus planes, cuando un tormentón enorme, como solo he visto llover en ese lado del mundo, nos pilló de camino.
Ni cena en la playa, ni velas, ¡¡¡¡ni nada!!!! Yo que no sospechaba nada de eso, no alcanzaba a entender por qué estaba tan frustrado, “cenamos dentro y tan ricamente cariño”-le decía yo entre trueno y trueno. Eso no hizo que aquella escapada se estropease, aunque ya estaba nervioso por no saber cuándo y cómo iba hacerlo. Al final fue perfecto, íntimo, sin más adornos que la ilusión que escondía su pregunta. Solos en la habitación de aquel hotel precioso, y aunque le sigo diciendo que me debe una cena romántica en la playa, me alegro inmensamente de que la lluvia nos sorprendiera y cambiase sus planes dándole una oportunidad a la (im)perfecta improvisación de las emociones.

Se me pasa volando el tiempo, quizás porque soy feliz, jamás olvidaré esos días, ha sido el mejor viaje de mi vida y uno de los momentos más especiales que hasta ahora he vivido. Por si acaso entre tanto jaleo, hablar de menús, invitaciones, ideas y preguntas temerarias que siempre empiezan con un ¿”no te gustaría”…? se me pasase valorarlo, dejo aquí constancia de que me encanta este momento de preparativos tan bonito que estamos viviendo, a pesar de los nervios y de los agobios que de vez en cuando entran.
Me hace muy feliz como lo estamos llevando todo, tan en sintonía y sin perder de vista lo importante, pensando en el otro. Le quiero un poquito más si cabe por dejarme soñar bonito con este día y darme alas para volar disfrutando al verme disfrutar, por consentirme y entender lo importante que son algunas cosillas para mí. Logró que aquel día fuese el broche final a un fin de semana que fue, simplemente, perfecto y donde me sentía tan inmensamente feliz que hasta me daba miedo. Gracias a tí, por pedírmelo como lo hiciste y por todos y cada uno de los momentos que estamos compartiendo planeando el gran día desde aquel Sí quiero.
Ojalá me lo pudiera pedir mil veces para decirle siempre, siempre que SÍ!
¡”Sí quiero, TODO, contigo”!

Con amor, Beatriz.”

Leave a Reply