Bea y Roberto

” En diciembre de 2014 organizamos Roberto y yo un viaje a Japón y las Maldivas. Recuerdo que al elegir el hotel me llamó la atención uno porque en su web mostraba una pareja cenando con velas en una islita en medio del mar. Al final nos decidimos por ese hotel pero Roberto me dijo que había llamado para cenar allí y le habían dicho que no era posible porque no existía realmente. Así que ahí quedó la cosa. Nos fuimos a Japón 10 días y a continuación fuimos a las Maldivas. Al llegar allí todo era perfecto: el hotel, la comida, el trato del personal…
Y una tarde me dijo que me arreglara que había reservado una excursión en barco para ir a visitar las islas de los alrededores. Me vestí y nos dirigimos al embarcadero donde nos estaba esperando un bonito barco para los dos solos.

Salimos hacia el horizonte disfrutando del maravilloso paisaje. Cogí mi móvil para hacer un vídeo e inmortalizar el momento y, de repente, mientras estaba grabando, ví como aparecía ante mis ojos la islita desierta que había visto en internet y como nos íbamos acercando a ella. Allí nos esperaba un camarero sonriente que nos tenía preparado sushi y una botella de champagne con dos sillitas que miraban hacia el infinito. Estuvimos un rato allí disfrutando de las vistas y más tarde pasamos a una mesa perfectamente decorada con flores y antorchas y desde la que se podía divisar la isla de nuestro hotel. En cada plato había una carta menú con todo lo que íbamos a degustar y en el encabezamiento aparecía la fecha y nuestros nombres. La cena fue espectacular, como de cuento y, al llegar al postre, Roberto me entregó un libro de piel negra que le había hecho una monja de Argentina a mano cuyo título decía: “LA PARTE MÁS PERFECTA DE MÍ” ( siempre me ha dicho que era la parte más perfecta de él ). 

Abrí el libro y me encontré con que estaba totalmente en blanco. Me dijo que era para que escribieramos juntos la historia de nuestra vida, llena de amor, de cariño y de sorpresas. Y al pronunciar la palabra sorpresas pasé una página y me encontré el anillo de pedida.
En ese momento comenzó a diluviar y el camarero nos dijo que teníamos que salir corriendo en el barco hacia el hotel. Cogí mi libro y me subí rápidamente al barquito. Una vez a salvo Roberto me dijo que no le había contestado nada. Y yo por vergüenza le dije que no me había preguntado nada. Entonces me dijo: quieres casarte conmigo? Y le dije que SIIIIII!!!! Y entre risas le dije: pero me tienes que prometer que me lo vas a volver a pedir otro día haciéndome la pregunta y poniéndote de rodillas. Y me contestó: te lo prometo.
Al día siguiente me dijo que había contratado un fotógrafo para hacernos unas fotos especiales por la isla…

Al día siguiente me dijo que había contratado un fotógrafo para hacernos unas fotos especiales por la isla y me comentó que teníamos que ir de blanco porque las fotos quedaban más bonitas. Yo no tenía nada blanco pero él ya me había comprado un vestido. Me lo pusé y comenzamos a hacernos fotos en la habitación. De repente llamaron a la puerta y me dijeron los dos que abriera. Al abrir me encontré con una banda de tambores, dos chicas tirando pétalos de rosas y una que me dió un ramo de flores a mi y a él le puso unas florecillas en el pecho. Yo no daba crédito. Nos llevaron por toda la isla al ritmo de los tambores hasta que llegamos a la playa donde había un precioso altar de flores y nos esperaba un oficiante. Realizó una ceremonia preciosa y nos casó. Había un tarta increíble, champagne, y nos regalaron una tablita que ponía que nos habíamos casado en el paraíso. Nos invitaron a plantar un árbol en señal de nuestro amor y estuvimos haciéndonos fotos hasta el atardecer. Por la noche el hotel nos invitó a cenar y al llegar a la habitación nos encontramos la cama decorada con flores de todos los colores.

Besos Bea .”

 

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