BEA Y ROBERTO EN PARIS

“Él me lo había pedido ya 2 veces y teníamos casi todo listo para la boda que se iba a celebrar en junio. Roberto me dio la sorpresa de que había preparado un viaje a París para llevarme a la ópera en la Bastilla. Como una de las cosas que nos faltaba era su anillo y él se lo había currado tanto en sus pedidas se me ocurrió comprar la alianza y pedírselo yo a él en la torre Eiffel.
Fui a Suarez a comprarlo pero me dijeron que se hacían por encargo y que era imposible. Les conté lo que tenía pensado hacer y fueron tan amables que decidieron dejarme la que tenían de muestra con la condición de que se la llevara en cuanto volviera. Al día siguiente despegamos rumbo París.
Era 13 de noviembre de 2015. Pasamos un día perfecto disfrutando de la ciudad. Decidímos reservar una cena en un barco por el Sena y me pareció el momento perfecto para pedírselo. Me pasé la cena nerviosa con la cajita debajo del mantel esperando a que nos acercásemos a la Torre. De repente la vi aparecer al horizonte, estaba preciosa, llena de luces doradas parpadeantes. Decidí sacar el anillo y pedírselo. Roberto no se lo esperaba y se llevó una gran sorpresa. No le dió tiempo a decirme que si cuando empezó a sonar su teléfono insistentemente. Era su madre que nos decía que había ocurrido un atentado en el campo de fútbol y que había fallecido gente. Nosotros pensamos que era algo puntual pero cuando abandonamos el barco fue un auténtico caos. Sólo oíamos sirenas que provenían de todas partes. Veíamos coches de Policía y ambulancias bajando la calle a toda velocidad. Los taxis no cogían a nadie e intentamos refugiarnos en algún restaurante pero no nos dejaban entrar. El metro también lo habían cerrado. Nos dijeron que estaban matando a más gente y que los terroristas estaban sueltos e iban armados. Estábamos desesperados, no sabíamos cómo volver al hotel. Teníamos miedo de irnos andando y que nos mataran por la calle. Al final nos acercamos a la boca del metro y oímos pasar un tren. Decidimos colarnos por los tornos ya que estaba cerrado. Tuve que tirar con fuerza de su mano para que pudiera atraversar la barrera. Yo me tuve que descalzar para correr y poder coger el metro. Y, en medio del solitario y silencioso pasillo gris del metro, corriendo juntos de la mano Roberto se paró en seco y me dijo: “vuelve a pedírmelo ahora”. Saqué el anillo, me puse de rodillas y le dije: “quieres casarte conmigo?” Y me dijo “SI QUIERO”. Subimos al último metro que iba a pasar y conseguimos llegar al hotel corriendo y encerrarnos en la habitación.
Pasé tanto miedo aquella noche, que decidimos coger el primer avión en el que nos dejaran irnos y volver a casa. Para mí ha sido una experiencia muy triste que me ha marcado mucho. Sólo me quedo con la sensación de terror y de amor al mismo tiempo al pensar que podían matarnos a uno de los dos en cualquier momento pero, aún así, tuvimos un segundo para pararnos y comprometernos por si moríamos juntos aquella noche.

Bea.”

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