BEA Y JESÚS

“Nuestra historia empezó en septiembre de 2015…

10 meses antes Jesús y yo nos conocimos en el Rocío, yo iba de fiesta de empresa durante tres días y el estaba contratado para realizar el vídeo resumen que se proyectaría al final del evento.
El día de salida en Atocha cogimos el AVE rumbo a Sevilla. Nos cruzamos las miradas y me dejó ver que sería el hombre de mi vida con esa sonrisa picarona y risueña que tiene.
En el Rocío empezamos a tener conversaciones tímidas, luego conversaciones más largas, intensas y divertidas… Hasta que volvimos a Madrid y fue ahí cuando el sintió un flechazo por mí porque fui a despedirme de él a la parada de TAXIS.
Tengo que decir que fue un viajazo y nos conocimos en el mejor momento de nuestras vidas. Repetiría ese viaje un millón de veces.

En uno de nuestros viajes, teníamos previsto recorrer gran parte de la costa de Cádiz.
Saliendo de Madrid bien temprano y mientras amanecía, nos dimos cuenta que iba a ser un caluroso día de finales de julio. Escuchábamos música y hablámos de todo con ganas de desconectar unos días y descansar en la playa. Me comentó sin darle importancia que pasaríamos un par de noches en El Rocío, yo empecé a sospechar y con una ilusión tremenda ese sería el día que tanto había soñado…

Y pensó el mejor momento y lugar donde pedirme matrimonio, al atardecer enfrente de la ermita después de dar un paseo a caballo por Doñana. Tras declararse y decirme lo que me quería, que era la mujer de su vida y que soñaba con pasar el resto de los días juntos, sacó de no sé dónde, una cajita oscura y al abrirla apareció un anillo de compromiso. Cómo brillaba y relucía esa preciosa joya, discreta, pequeña, y repleta de diamantes blancos…

Y qué mejor sitio que ese rinconcito único de Andalucía, entre almonteños, peregrinos y turistas, respirando esa polvareda del trote de caballos marismeños… y ahí me pidió que me casara con él. Es difícil no emocionarse. Entre lágrimas dije que sí, ¡Sí, Quiero! para toda la vida. Nunca olvidaré ese momento.

Después reservó en uno de los mejores sitios para cenar de la zona, era el Restaurante Aires de Doñana, una choza típica donde nos sentaron en la terraza a los pies de las marismas, teníamos unas vistas impresionantes casi a la luz de la luna dónde se reflejaba la blanca ermita iluminada.
Rodeados de antorchas, por fin pudimos disfrutar de una romántica velada. ¡FUE INCREÍBLE!
Sentimos mucha felicidad y emoción sobre todo por contárselo a familiares y amigos. Como era complicado decirlo a todos a la vez, decidimos grabarnos un vídeo del momento de la pedida y así fue como se enteraron vía Whatsapp. Los mensajes y llamadas telefónicas saturaron nuestros móviles largo rato.
Desde ese mismo momento empezamos a “soñar” con nuestra boda, los días y semanas siguientes fueron mágicos, donde ya nada volvería a ser como antes. Te centras en una única fecha: ¡el día de nuestra boda!.

Con amor, Bea.”

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