ANA Y VIR

“¿Conocéis esa sensación en la que al conocer a una persona sientes que marcará tu vida de algún modo? Pues eso fue exactamente lo que sentí cuando conocí a Vir en la primavera del 2012. Coincidimos en el cumpleaños que le organicé a mi mejor amigo, pues ellos dos eran íntimos de la facultad y, aunque en esa noche apenas hablamos, debió de disfrutar y pasarlo bien porque después de ese día volvimos a vernos más veces durante el año.
Empezó a venir con nuestro grupo de amigos y, entre cada cena de verano, algún que otro cine y alguna que otra cerveza fresquita por la noche, se empezó a crear una amistad en la que se podía ver y percibir algo más… ¿Sabéis eso de estar conociendo a una persona y querer saber más y más de él? ¿Querer estar pendiente de él a la vez que quieres que él lo esté de ti? ¿Sentir que te apetece verle a todas horas porque te aporta cosas maravillosas? Pues eso fue lo que ocurrió al conocernos y lo que mantuvimos hasta principios del 2014 donde realmente empezó nuestra historia de amor. Dicen que a veces dos caminos se cruzan para acompañarse hasta que están verdaderamente preparados para ser uno, y eso fue lo que nos ocurrió a Vir y a mí, nos acompañamos durante meses hasta que llegó el momento perfecto para empezar a andar juntos.
Día a día hemos ido formando nuestro propio camino, nuestra vida conjunta que tanto queremos y que con tanta ilusión construimos. Hace dos años nos mudamos a una ciudad maravillosa por motivos de trabajo suyos, una experiencia que nos ha regalado personas, momentos y cosas increíbles… Entre ellas, el pasar de soñar despierta a hacerse realidad uno de los días más importantes de mi vida: ¡nuestra pedida!
Ocurrió hace casi dos meses en uno de los días más esperados y ansiados desde hacía tiempo: la boda de una de mis mejores amigas y la primera boda del grupo de amigos! Recuerdo como si fuese hoy que Mery (creadora de la familia “yledijesi”) me dijo que tuviese paciencia, que el momento llegaría cuando menos lo esperase y que, cuando estuviese cerca, vería señales por todos lados… ¡Y así fue! ¡Vaya que si lo fue! Semanas antes del gran día notaba a Vir muy raro. Estaba como más metido en sí mismo, como más concentrado, se despegaba menos de su móvil y me miraba con unos ojos mágicos. Ahora todo tiene sentido, claro. Incluso lo de no despegarse de su móvil “por motivos de trabajo”. No podéis imagina ¡la que tenía montada! Todos nuestros amigos en común y nuestras personas más cercanas sabían que el momento que llevaba tantos meses esperando y con el que tanta ilusión ansiaba iba a ser ese día. Todos cómplices de la prueba de amor más bonita que me han hecho nunca.
Y llegó. Lo que yo estaba viviendo como un día mágico rodeado de nuestros amigos de siempre y feliz porque una de las personas más importantes de mi vida iba a decir “sí, quiero”, dio la vuelta por completo en el momento en que mi amiga se dispuso a lanzar su ramo. Nos pusimos todos de pie formando un gran corro alrededor de ella, tanto hombres como mujeres y yo me puse justo al lado de su hermana pequeña, pues sabía que mi amiga quería regalarle el ramo a ella y yo quería verlo todo bien cerquita. Lo que yo no sabía es que, al girarse mi amiga con el ramo entre sus manos, iba a sonar una de las canciones que tanto nos enamoran a Vir y a mí (Perfect, de Ed Sheeran) y que iba a andar hacia mi dirección para darme el ramo de su boda.

No puedo explicaros lo que sentí al escuchar la primera nota de la canción… Pero supe sin dudarlo que ese momento que tanto había soñado había llegado. Mi amiga me dio su ramo, nos abrazamos muy fuerte y le dije que no podía creerme lo que estaba pasando, que pensaba que el ramo era para su hermana y que estaba muy desconcertada. De repente, Vir apareció por nuestro lado. El novio (marido de mi amiga) le cedió el micrófono con el que había estado animando a la gente para hacer ese enorme corro y Vir lo cogió. Yo apreté más fuerte la mano a mi amiga, no quería que se separase de mí en un momento así (juro que iba a desmayarme!), pero me soltó la mano con mucha dulzura y entonces sólo pude mirar a Vir. Tan guapo, tan adulto, tan sereno por fuera y nerviosísimo por dentro, con esa mirada con la que me lo dijo todo… Tan él. Ni siquiera pronunció palabra. No hizo falta. Los dos sabíamos que no hacían falta palabras. Todos gritaban “¡que se arrodille, que se arrodille!” y haciéndoles un gesto con sus brazos para animar el momento, Vir se arrodilló delante de mí, metió su mano en su bolsillo, me miró y abrió la caja donde estaba nuestro anillo. Yo únicamente pude agacharme para abrazarle, levantarme con él y seguir abrazándole fuertemente mientras los dos llorábamos de felicidad. No le dije nada, como os he dicho anteriormente, sólo alcanzaba a decir “me desmayo…” pero las miradas que se cruzaron en ese momento, el abrazo y las lágrimas de felicidad hablaron por sí solas.
¡No sabéis el momento tan mágico que me regaló! Ninguno de todos los escenarios que había imaginado podía superar aquello… No sabéis lo feliz que fui de tener tan cerca a mis amigos, los de verdad, a esa familia que se elige y que compartieron con Vir esas semanas previas de nervios y emoción y, en ese día, la felicidad de ambos. Les estaré eternamente agradecida a todos por todo lo que hicieron por nosotros.
Ahora estamos disfrutando muchísimo de esta nueva etapa de llamarnos “prometido/a”, de pensar en cosas para el gran día, de conversar sobre cómo nos gustaría que fuera y de seguir siendo tan felices!
Con mucho, mucho cariño,
Ana.

P.D: Algunos lo llamarán coincidencia, otros señales, otros destino… Pero nos casamos el mismo día en que nos conocimos, 6 años después. Yo simplemente creo que estas cosas ocurren cuando tienes al lado a la persona indicada.”
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