ANA Y ÁLVARO

“Ana y yo nos conocimos a principios de Marzo de 2012, saliendo una noche por Madrid. Ella entonces tenía 24 y yo 26, cada uno estábamos con nuestro grupo de amigos pero éramos con diferencia los más mayores del local esa noche, porque recuerdo que mis amigos y yo nos estábamos partiendo de risa intentando adivinar si la gente que estaba entrando había llegado a cumplir los 18 o no. En un momento dado llegó Ana con sus amigas y, al verme, me preguntó: “por favor, dime que tienes más edad que todos los que están por aquí”… ¡No podía haber habido mejor forma de romper el hielo en ese momento!

A partir de ese momento empezamos a escribirnos y a quedar. Yo tenía todavía algo recientes algunas malas experiencias previas, y al principio era un poco reticente a dejarme llevar por la situación, pero gracias a eso también aprendí lo paciente que es Ana y lo convencida que estaba de que lo nuestro tenía futuro, así que con el paso del tiempo fui dándome cuenta de lo mucho que merecía la pena ella.

Por aquel entonces yo vivía de alquiler en Madrid y ella en Majadahonda así que acabé mudándome cerca de ella para no necesitar coger el coche para vernos. A partir de ahí empecé a darme cuenta de que cada día estaba más enamorado de ella y comencé a pensar en cómo pedirle que se casara conmigo. Así que una buena tarde de Noviembre, llamé a mi amiga y también autora de esta página para que me acompañara (y aconsejara) a comprar un anillo.

Antes de ir a buscarlo,pensaba que iba a ser fácil y rápido pero a medida que íbamos viendo anillos me di cuenta de la variedad (y las extravagancias) que se puede uno encontrar. Sabía que, aunque cualquiera le iba a ilusionar, con algunos iba a sentirse más cómoda a la hora de llevarlos que con otros por su forma de ser, así que comencé a descartar hasta que encontré el que mejor refleja cómo es ella: discreta, fina y elegante pero igualmente brillante. Ahora sólo quedaba pensar en cómo dárselo.

Nos gusta mucho ir a La Granja de San Ildefonso, así que pensé en pedírselo en los jardines del Palacio Real, lugar con mucho encanto incluso pleno invierno. Fuimos allí a pasar el fin de semana y, tenía pensado salir el sábado por la mañana dando un paseo y darle el anillo en ese momento. Me desperté bastante pronto y con ganas de salir pero al abrir la cortina… había una niebla que casi no se veía el edificio de enfrente. Conseguí convencer a Ana de que aún así era un buen día para dar un paseo por los jardines y subimos hasta la parte más alta, incluso nos salimos un poco hacia el bosque donde había un antiguo puente de madera sobre un arroyo. Y ahí estaba yo, frente a ella, pidiéndole que se casara conmigo. Sólo con ver su cara supe que no era necesaria una respuesta: y dijo SÍ!

Llevamos casi 2 años casados, sigo queriéndola más cada día que pasa y en Abril veremos ampliada la familia por primera vez.

Besos y abrazos, Álvaro”

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