AÍDA Y SANTI

“Una tarde de verano del año 2004, nos cruzamos por casualidad mientras nos encontrábamos ambos de compras por el centro de Alicante. Santi me vio pasar y no dejó pasar la oportunidad de intentar hablar conmigo diciéndome cosas bonitas que consiguieron hacerme parar y comenzar a hablar con él. Bastaron sólo unos minutos para que saltaran chispas, pero enseguida me tenía que marchar y él no dejaba de insistir preguntándome por mi número de teléfono. Yo me intenté hacer la dura y no se lo di, le dije que mejor me diera él el suyo y que yo ya vería… Pasaron sólo unos minutos y ya le había mandado un mensaje.
Cada uno siguió por su lado y fortuitamente nos volvimos a encontrar, aunque éramos de ciudades diferentes, un par de noches en ese verano, y aunque era evidente que algo había entre nosotros por algún motivo perdimos el contacto, quizá porque yo sólo era una niña de 15 años y él me sacaba alguno más y estábamos en momentos diferentes en nuestras vidas.
Dos años después, en el verano de 2006, recibo un mensaje de alguien en el que me pregunta si podía ser que me hubiera visto en un sitio un día, pues le había parecido que era yo una chica con la que se cruzó. Contesté que no era yo, a la vez que pregunté quien era. Era Santi, y es que con el tiempo yo ya no tenía su teléfono. En ese tiempo que pasó no nos habíamos olvidado el uno del otro, y cuando me preguntó en el siguiente mensaje una cita no dudé y acepté.
La cita fue tan bien que no nos separamos y fueron pasando los años felizmente juntos.

El día de Nochebuena de 2013 pasé por casa para despedirnos antes de marcharnos cada uno a pasar la noche con nuestras respectivas familias, y llegué y sonaba su canción favorita, Adoro versionada por David Bisbal. Bajo nuestro árbol de Navidad había una caja, que me hizo abrir, y contenía unas láminas que yo iba pasando una tras otra cada vez más emocionada en la que finalmente me decía que si quería todas esas cosas, todos esos proyectos y planes que teníamos en común para un nuestro futuro juntos pero, antes tenía que decirle SÍ a algo… Me indicó una cajita que colgaba del árbol de Tiffany & Co que abrí sin poderme creer todo lo que estaba pasando y dentro había un anillo con un diamante, el más precioso y perfecto para mí. A partir de ese momento empezamos a preparar nuestro día, tan feliz y tan bonito con toda la ilusión y emoción.

En nuestra boda nuestro maestro de ceremonia habló de algo que me fascinó, y es de la Leyenda del Hilo Rojo. Una leyenda oriental que cuenta que desde que nacemos las personas que estamos destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado entre sí que nunca desaparece y que, permanece constantemente atado pudiéndose estirar hasta el infinito pero nunca romperse. Me pareció algo precioso y con tantísimo sentido…

Con amor, Aída.”

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